HISTORIA DEL ALBERGUE

     La  Historia de la casa donde se ubica el Albergue se remonta un siglo atrás.

     Hace algo más de 100 años Perfecto Crespo y Vicenta Lavín construyeron esta casa después de tener 15 hijos. Eran pequeños ganaderos que vivían en la parte baja del pueblo. En la ladera oeste de las colinas de Güemes construyeron una amplia vivienda con la ayuda de los hijos mayores. La casa quedaba un tanto alejada del núcleo urbano del pueblo. Sin más casas en su entorno, la gente dio en llamarla “la Cabaña del Tío Peuto” (cabaña por su soledad y “Peuto” nombre coloquial de Perfecto. Además de unas pocas vacas y un amplio terreno de pradería en torno a la misma casa, Peuto construyó una humilde herrería adosada a la casa...

    Abuela Vicenta moriría el año 1937 y el Abuelo Peuto en 1944.

    La menor de los 15 hijos, Laura, se casó con Manuel Bustio quedándose a vivir con los padres en la misma casa.

     En 1946, debido al hambre de la postguerra civil española (36-39)  Manuel y Laura cierran la casa y emigran a Cataluña con sus 5 hijos en busca de mejor vida. Manuel Bustio entrará a trabajar en las minas de carbón de Figols y Laura con su hija mayor en una fábrica textil de la Cuenca del Llobregat (más tarde entraría en la misma fábrica las 3 hijas siguientes, mientras Ernesto, el única varón con 11 años iría  a trabajar de pastor en una masía en la zona del pre-Pirineo y,  posteriormente, ingresaría en el Seminario de Solsona).

    A principios de la década de los 60 parte de la familia regresa a Güemes y se comienza a  rehabilitar la casa abandonada y muy deteriorada.

    En 1964 se jubila de la mina Manuel Bustio, después de 18 años de trabajo y regresa a Güemes donde ya están viviendo Laura, su esposa, Vicenta, la tercera de los 5 hijos y María Crespo, hermana de Laura.

     Es ahí donde empieza una larga etapa que nos ha de llevar hasta el momento actual de la Casa-Albergue.

     Ernesto  dejó el seminario de Solsona (Lérida)  para estudiar teología en el seminario de Corbán (Santander 1959-63). Después de vivir 3 años en Tresviso, Picos de Europa (1963-66) como párroco y otros 3 en Somahoz (1966-69), Valle de Buelna, inicia una original experiencia en una barrio obrero de la periferia de Santander, compuesto por mucha gente joven en su mayoría emigrante..

     Entre tanto la casa familiar de Güemes sigue un proceso de rehabilitación considerable. Se prepara, a la vez, un pequeño espacio debajo de un añadido a la casa de solo 20m2 que damos en llamarlo “Refugio”. Allí cobra una fuerte actividad social con presencia de gente de los Clubs de Barrio San Francisco. Estamos hablando del año 1973.  Esta actividad se prolongará a lo largo de una década.

      En 1979 Ernesto con 3 personas más de la comunidad del Barrio San Francisco, de Santander, inicia una apasionante experiencia que la titula VIAJE A LA UNIVERSIDAD DE LA VIDA.

    Se trata de un AÑO SABATICO a través del cual viajarán a bordo de un land-rover por África y América para conocer gentes y culturas diferentes. Los objetivos es conocer otras realidades y darlas a conocer a toda la gente que queda en el Barrio San Francisco y que, en esos momentos, ha vivido y sigue viviendo una fuerte lucha social.

    Esta experiencia que duraré 27 meses (79-81) marca el punto de inflexión sobre la historia y el nacimiento del Albergue.

    Al regreso del largo viaje (recién fallecido Manuel Bustio) se crea el actual Albergue en lo que era la cuadra del ganado. Un espacio inmundo de 100 m2 donde poco a poco, con mucha ilusión y creatividad, se convierte en una especie de museo de todo lo que se ha visto y vivido en la Universidad de la Vida. Ya desde el principio se tiene una filosofía especial: voluntariado y material de reciclaje son los dos pilares fundamentes sobre los que se construye y potencia el Albergue.

    Allí hay encuentros, reuniones, convivencias, actividades de gente joven (clubs del Barrio San Francisco); se empieza un largo caminar sin metas fijas más que el servicio y la utilización.

     En 1988, ante el futuro que puede llegar a tener el Albergue, Ernesto decide comprar un terreno anexo a la casa familiar para desarrollar un proyecto social que se vislumbra cercado. Y se crea una Asociación “La Cabaña del Abuelo Peuto”.

     En 1991-92 tiene lugar un segundo Año Sabático, más corto que el primero. En esta ocasión se prepara un furgón y 4 personas nos encaminamos hacia la India. Cruzamos Europa, Turquía, Siria, Jordania, Egipto, cuatro meses en La India, Nepal, Pakistán, Irán, Turquía, Gracia, Italia, Francia y España. Cuando se termina esta campaña han transcurrido 9 meses. Experiencia igualmente interesante y creativa. Al regreso comenzamos a construir el nuevo albergue, segregado de la casa familiar. Se sigue con la misma filosofía del inicio: voluntariado, material de reciclaje y mucha creatividad.

    El año 1999 muere Laura, madre de Ernesto y última descendiente de los abuelos Peuto y Vicenta. Y llega al Albergue el PRIMER PEREGRINO DEL CAMINO DE SANTIAGO. En ese momento el albergue se abre también a los peregrinos y entendemos que es el acontecimiento más importante en toda la trayectoria del Albergue. Es el encuentro de dos caminos: los peregrinos a Santiago y toda la gente que recorre otro camino, no a Santiago, sino al encuentro solidario con los que nos encontramos en el camino de la vida. El Albergue recibe y se beneficia de la gran riqueza que portan los peregrinos; y el peregrino se beneficia del albergue y su amplia y generosa filosofía.

    A partir de ese momento surgen y se potencian esos dos caminos: las actividades propias del Camino de Santiago y, por otro lado, los diferentes grupos que utilizan el Albergue: grupos, cursillos, colegios, encuentros múltiples, convivencias… Siempre buscando crear lazos de solidaridad. Todo ello lo explicaremos más adelante.

     En el Albergue existen dos propiedades: la casa familiar pertenece a la familia Bustio-Crespo que lo ha cedido para las actividades que se realizan en tanto vivan los miembros  familiares directos; y las nuevas instalaciones que pertenecen a una sociedad colectiva donde toda aquella persona que haya aportado dinero, trabajo o ideas, automáticamente se convierte en copropietario. Sin embargo nadie tiene tendrá jamás acceso alguno a dinero, sino que es una propiedad transferido moralmente al Tercer Mundo. De modo que, si el día en que falte Ernesto y las personas de su generación (todas ellas ya mayores) si no hay un relevo generacional, habría que vender o alquilar las instalaciones y todo lo que rente iría destinado al Tercer Mundo ya que nosotros vivimos muy bien (a pesar de la dureza de la crisis) porque otros viven muy mal y de cuya situación se lucra el llamado Primer Mundo...

     Por lo demás el Albergue no goza de subvención alguna. Se mantiene con el voluntariado y la aportación libre que da cada persona que utiliza el Albergue.